El rol de la Sociedad Civil en la lucha contra la Corrupción

Marina Hilario*

Una de las primeras cosas que quiero plantear es que la característica de la sociedad civil, con su dimensión incluyente de la sociedad, la hace un actor de primer orden en cualquier proceso que busque perfeccionar la débil democracia que tenemos y en este proceso surgen y se fortalecen una multiplicidad de organizaciones.

La “corrupción se ha convertido en uno de los problemas  que afecta más gravemente a las instituciones democráticas y el desarrollo económico y social”[i] al poner en juego la credibilidad de la misma ante la impunidad con que se realizan los actos de corrupción en cualquiera de sus modalidades, ya sea esta política, administrativa pública, social o privada. Aun de esta forma, no cabe duda que ante el impacto negativo que tiene en la vida de los ciudadanos y ciudadanas y la democracia, la corrupción pública se convierte en uno de los principales males de la sociedad actual.

En este sentido, permítanme vincular algunos resultados de la III Encuesta Nacional de Cultura Política y Democrática, publicada recientemente por Isis Duarte y Ramonina Brea, que a mi juicio reflejan la situación planteada y sobre todo la percepción de la ciudadanía sobre este tema .

1ero. La visión de inutilidad de los partidos políticos más allá de las elecciones, lo cual se constata, por ejemplo, con  el resultado que da cuenta de que el 53% de los y las ciudadanos y ciudadanas encuestados consideran que los partidos políticos solo defienden los intereses de los políticos y un 37% considera que defienden solo el interés de algunas personas.

2do. La desconfianza en los partidos. Solo el 6% dice confiar mucho en los partidos.

No cabe duda que ambos resultados tiene que ver con otra información que recoge la encuesta, que señala la visión de la ciudadanía de que los políticos siempre se aprovechan de sus cargos. En este sentido, el 77% de los encuestados se identificó con esta respuesta.

Por otro lado,  al completar la información con otros resultados, como el de la actitud de los funcionarios, se revela que el 92.8% de los encuestados considera que los políticos se aprovechan de sus cargos en beneficio propio y tiene la percepción de que la corrupción es un asunto grave (el 94%).

Vista esta información, la pregunta obligada es ¿hasta cuándo los dominicanos y dominicanas continuarán prestándole su apoyo a una democracia que los excluye? Obviamente la democracia dominicana está siendo puesta en juego por aquellos actores llamados a fortalecerla.

La ausencia de transparencia en los actores públicos se ha convertido en una de las principales causas del descreimiento de la población ante la falta de información de las actuaciones de las instancias estatales, que cada día asumen con más fuerza la cultura  del palo asechado.

Los problemas de corrupción  en nuestro país están vinculados a  la falta de instituciones fuertes, clientelismo en la burocracia gubernamental, debilidad en la aplicación de los marcos legales y su adaptación, el “patrimonialismo”, soborno e  ineficientes controles, falta de aplicación e incumplimiento de las normas y reglamentos, y la débil participación ciudadana.

¿Qué puede hacer la sociedad civil?

Participación Ciudadana entiende que la lucha contra la corrupción es un problema, en primer lugar, de dimensiones y voluntad política, que debe ser  enfrentado de manera integral.  Las diferentes instancias de la sociedad, los partidos políticos, el empresariado, el gobierno, los medios de comunicación, el Poder Judicial y la sociedad civil como instancias de participación directa de la ciudadanía y como expresión de la misma tienen que jugar su rol.

Nadie discute que la erradicación de la corrupción  no es un problema de corto plazo, pero sí un tema de agenda que debe ser abordado rápidamente desde las diferentes dimensiones establecidas en la declaración final de la Conferencia sobre “Transparencia para el Desarrollo”, celebrada en mayo de 1999, durante el Consejo de Presidentes y Primeros Ministros de las Américas, donde se identificaron como antídotos contra la corrupción la información, compromiso de liderazgo, acción colectiva y reglas claras.

Y en este antídoto  se hace necesario retomar la participación ciudadana y de sus organizaciones en las estrategias de fiscalización y monitoreo como medios para promover la transparencia y eficiencia de la gestión pública, única garantía de retomar el valor ético del quehacer social.

La actitud desde la sociedad civil debe ser asumir como una prioridad su contribución para que el Estado haga frente al problema, jugando su rol solidario, sobre todo porque la deficiente gerencia de los fondos públicos y la corrupción contribuyen con el aumento de la pobreza;  “La sociedad civil es un instrumento al servicio de una sociedad más justa, y no cabe duda que el sentido de equidad” es parte de sus principios,  los cuales  guían sus acciones hacia la superación y la búsqueda de participación en las decisiones públicas.  

Aunque somos parte de su reproducción, los ciudadanos y ciudadanas somos los llamados a fijar posición en el problema, exigiendo transparencia en el manejo de los fondos y actuaciones del Estado, sus instituciones y personas que los conforman. “Los ciudadanos son, no solo los soberanos -que a fin de cuentas es una expresión política- sino los protagonistas de la vida pública, los actores principales . Los demás deben permanecer en sus papeles importantes pero secundarios”[ii]

En todo caso, es importante acotar que no podemos plantearnos la noción de un/a dominicano / dominicana fuera del contexto, ya que somos parte de la construcción de la sociedad, nos llama la atención, por ejemplo los resultados de la serie de investigaciones conocida como “Latino Barómetro”, en la que se revela que  solo una minoría cumple con las leyes, unos pocos nos declaramos honrados, confiamos menos en los demás. Eltrabajo duro y la recompensa que entrega todavía no es visto como garantía de triunfo y existe una  falta de cooperación entre ciudadanos y autoridades.

Si a todo este panorama agregamos el debilitamiento de las instancias de participación de la sociedad civil, no cabe duda de que se crean condiciones quefacilitan la evasión ciudadana de sus deberes y obligaciones.

A pesar de estos problemas, grupos de ciudadanos y ciudadanas asumen de manera responsable la búsqueda de soluciones. Múltiples experiencias generadas desde el sector de las organizaciones sociales, dirigidas a  promocionar mecanismos de control y rendición de cuentas, han dado sus frutos en este campo. Tienen ante todo una labor preventiva y su éxito dependerá fundamentalmente de la Participación Ciudadana, a saber:

•La Observación Electoral

•Elección Consejo de la Magistratura (1997)

•Seguimiento a autoridades locales, etc.

Son solo algunas de las experiencias desarrolladas en las cuales desde el sector de la sociedad civil se ha contribuido con los procesos de transparentar las acciones públicas.

La indiferencia de la ciudadanía ante lo que acontece es una de las mayores limitantes para superar el problema, por lo que no hay dudas de que uno de los primeros compromisos en los que deberá trabajar la sociedad civil es hacer de los procesos de cuestionamiento a la ilegalidad y la corrupción un ejercicio más inclusivo de otros actores que puedan sentirse parte y que permita que el ciudadano/a común comience a cuestionarse la cultura del fraude prevalecienteen nuestra sociedad.

Esto nos ayudará a comprender que ejercer nuestro compromiso como ciudadanos y ciudadanas es entender que tenemos deberes que cumplir.•La vía idónea es salir de la apatía e interesarnos en lo público y lo colectivo.•Las expectativas que tenemos de la democracia solo serán cumplidas en la medidaque pasamos de “súbditos” a “ciudadanos / as” que reclaman sus derechos porque cumplen sus obligaciones.

Tenemos que mirar hacia el futuro tratando de romper toda la herencia dañina legada  por políticos, caudillos, enquistados en diferentes lugares.

La sociedad civil en el tema de la corrupción tiene que asumir, al igual que en otros problemas, un doble rol: en primer lugar, de presión ante los actos de corrupción que se suscitan desde el Estado y, en segundo lugar, propositivo, generando y apoyando las acciones que tiendan a aportar soluciones para la erradicación del problema. En este sentido, la  amplia gama de organizaciones que conforman el sector están en condiciones de hacer sus aportes, como parte de esta estrategia, por ejemplo:

1.Desde las universidades y centros con personal especializado: se podrían impulsar estudios permanentes que permitan analizar las causas  y efectos de la corrupción, incluyendo estudios sectoriales (casos en sectores, salud, obras públicas etc).

2.Desde las ONG:fomentar programas de sensibilización ciudadana sobre el impacto de la corrupción en la economía del país y realizar programas de control social y seguimiento a las actuaciones de los funcionarios públicos.

3.Desde las organizaciones comunitarias:generar entre sus miembros la cultura de la responsabilidad ciudadana y del interés por la definición de las políticas públicas e  implementar programas y acciones de control social; que permitan obtener información sobre el uso de los fondos y de la aplicación eficiente de los mismos, en procura de una mayor transparencia de la gestión pública.

4.Otros actores:promover la cultura de la ética publica, el interés ciudadano y de rechazo de las practicas corruptas en todos los ámbitos.

El rol de la sociedad civil tiene que estar centrado, antes que todo, en hacer entender la magnitud del problema de manera independiente, presentar alternativas que contribuyan con la disminución de  su impacto en la sociedad. y se agentes activos que promuevan  el rescate, consolidación y enaltecimiento de la ética y la probidad en la conducta ciudadana, tanto pública como privada, haciendo especial énfasis en el pulcro tratamiento y transparencia del manejo de los bienes públicos.

Crear espacios de información, promover los reconocimientos a ciudadanos honestos y funcionarios eficientes, desarrollar acciones de educación ciudadana y trabajar para que las organizaciones de diferente índole asuman el compromiso de la intervención de la sociedad civil en la demanda por la trasparencia, como garantía para que el tema sea tomado en serio y con el debido conocimiento.

Debemos entender que solo la intervención del sector público, el sector privado y la sociedad civil de manera conjunta, determinará las mejores soluciones para los problemas específicos de cada sector área.

Por último, quiero recuperar algunas reflexiones sobre la fortaleza de la sociedad civil a partir de distintas experiencias en las que ha jugado un rol importante en procesos en los que jamás nos imaginamos que era posible. Las  transiciones democráticas de muchos de nuestros países, Centroamérica y Sudamérica, y  más recientemente en Perú, con la salida de Fujimori, son los ejemplos más conocidos. Todos estos procesos han estado vinculados a fuertes movilizaciones ciudadanas sobre todo de sectores descontentos con el funcionamiento.

En este sentido, nos toca ahora retomar el compromiso con la democracia que, al igual que en aquella oportunidad, se encuentra desarmada ante las amenazas de la corrupción.


* Marina Hilario, Encargada del Programa de Articulación de la Sociedad Civil y Transparencia de la Gestión Pública de Participación Ciudadana.

[i] Se Buscan Políticos Honestos, Le Chevalier Gerardo
[ii]
Hasta un pueblo de Demonios, Cortina Adela