El conteo rápido de Participación Ciudadana

Por: Isidoro Santana, miembro de Participación Ciudadana

Publicación original en acento.com.do

Participación Ciudadana suele trabajar con una muestra de en torno al 10% de los colegios electorales, lo que arrojará un número muy elevado de votos. Por ejemplo, para las próximas elecciones pretende trabajar con una muestra de 1,600 colegios.

Resulta extraña la confusión que todavía persiste, aún en personalidades del mundo intelectual, entre lo que es un conteo rápido, como el que hace Participación Ciudadana, y una encuesta a boca de urna. El conteo rápido no mide intención de voto, como las encuestas de opinión política. Por cierto, que la encuesta a boca de urna tampoco, pero Participación Ciudadana nunca ha hecho encuestas a boca de urna.

Estas tienen dos cosas en común con el conteo rápido: que se basan en la técnica del muestreo estadístico y que pretenden medir resultados después que el ciudadano votó. Esto último distingue a ambos de las encuestas de preferencias electorales, que miden intención de votos, antes de que ocurra.

La encuesta a boca de urna se basa en respuestas de los votantes. Es cierto que responden sobre lo que hicieron después de depositar su voto, pero por múltiples circunstancias el ciudadano puede estar mintiendo al encuestador.

En el conteo rápido eso no ocurre, sencillamente porque no se pregunta, sino que se lee el acta y se transmiten los resultados a un centro de cómputos en el cual se procesan. Por otro lado, toda encuesta trabaja con una muestra muy pequeña del universo, mientras que el conteo rápido, al procesar las actas, reúne en cada una a centenares de votantes, lo que genera una muestra muy grande. Una encuesta puede medir resultados con las respuestas de 1,300 votantes, pero en un conteo rápido eso no se podría porque la muestra no serviría, ya que apenas cubriría tres colegios.

Y si ya se tienen las actas, ¿por qué no hacer el cómputo completo? Lo que ocurre es que el conteo rápido procura medir los resultados con mayor agilidad que los cómputos oficiales y, además, realizar el cómputo completo es algo sólo al alcance del organismo que organiza las elecciones, pues es un procedimiento costoso, que demanda de un aparato institucional que no está al alcance de cualquier organización.

Y si se va a hacer el cómputo, ¿para qué el conteo rápido? Este surgió en momentos en que existía poca credibilidad en los procesos electorales de algunos países. Donde primero se puso en práctica fue en los países que transitaban de la dictadura a la democracia en Europa del Este, Asia Central y América Latina, desde finales de la década de 1980 y durante el decenio de 1990.

En los últimos tiempos, dados los avances de las comunicaciones y la tecnología, es posible que las autoridades electorales puedan procesar los datos de las elecciones también rápidamente. Y, dependiendo de las condiciones políticas, también podrían divulgarlos sin coacción ni mayor dilación. En este caso el conteo rápido pierde la ventaja de la rapidez, pero se convierte en un conteo alternativo, una segunda opinión.

Por eso, en los países en que la democracia mantiene muchas debilidades, este instrumento persiste como un medio de darle a la ciudadanía la oportunidad de conocer una versión alternativa de los resultados electorales. Es particularmente útil cuando las instituciones son débiles, cuando el organismo electoral responde al poder político o tiene poca credibilidad, o cuando se puede recurrir a la fuerza pública para desvirtuar u ocultar los resultados. Por eso mucha gente se siente más tranquila sabiendo que dispondrá de un conteo rápido independiente.

Participación Ciudadana suele trabajar con una muestra de en torno al 10% de los colegios electorales, lo que arrojará un número muy elevado de votos. Por ejemplo, para las próximas elecciones pretende trabajar con una muestra de 1,600 colegios. Como el promedio de electores por colegio es de aproximadamente 433, el conteo podría permitirnos cubrir cerca de 700 mil electores.

Claro está que nunca llegará a ese número porque no votan todos. Y además, una pequeña parte de la muestra se pierde por cualquier motivo, y otra parte de datos llega con tardanza por problemas de comunicación. No recuerdo cómo fue la última experiencia debido a que no pude participar dado que era funcionario público, pero es habitual que tras tres o cuatro horas de cierre de los colegios ya se tengan datos casi exactos, coincidentes con los que posteriormente suministra la JCE cuando termina. Naturalmente, han coincidido estos ejercicios con una época en que la JCE ha procesado y suministrado datos fidedignos.