Balance del 2002: del pesimismo a la esperanza

Introducción

Los aspectos negativos, como la regresiva reforma constitucional y la imposición de los jueces electorales con desprecio del consenso, marcaron políticamente el año que concluye, lo que junto a losproblemas afrontados por la economía nacional en el último semestre, arrojan un panorama de pesimismo y desconfianza.

La sociedad política dominicana siguió confrontado serias dificultades para cumplir los pactos, y para instituir mecanismos eficientes de combate a la corrupción aunque el Departamento de Prevención de la Corrupción de la Procuraduría General de la República depositó en el Congreso Nacional un paquete de anteproyectos con eseobjetivo.

Debemos celebrar que durante este año se redujeron considerablemente las ejecuciones extrajudiciales y se dieron pasos para implementar mecanismos de participación social y elaborar una estrategia hasta el 2015 para la erradicación de la pobreza.

Los compromisos de las autoridades para controlar el gasto público en el próximo año, el pacto para la estabilidad económica y el desarrollo firmado, con la cúpula empresarial, y las mejores perspectivas de sectores claves de la economía nacional, como el turismo y las zonas francas permiten esperar que el panorama de sombrío pesimismo con que concluye el 2002 sea trocado por un período de nuevas esperanzas.

Los dominicanos tenemos que reconocer que no tenemos el monopolio de los problemas económicos y sociales. Por el contrario, pese a todas sus limitaciones, la economía nacional registra las mejores estadísticas en un ámbito internacional negativo. En consecuencia no debemos dar tanto espacio al pesimismo y la frustración, sino trabajar intensamente para adoptar los cambios que alienten el desarrollo integral.

Lo político e institucional

La reforma constitucional ejecutada a finales de julio, después de año y medio de activismo congresional, fue de los acontecimientos más frustratorios del año. Se realizó en un marco de pugnacidad, compras de conciencia y exclusiones, desconociendo el Pacto para la Reforma Constitucional que habían firmado en septiembre del 2001 los partidos mayoritarios y el Presidente de la República. Su contenido no pudo ser más pírrico, limitándose a la eliminación de los colegios electorales cerrados y a la restauración de la reelección presidencial, dejando de lado numerosos aspectos sobre los cuales hay amplio consenso nacional.

La posterior elección de los titulares de la Junta Central Electoral, también con desprecio del consenso que en materia de arbitraje es mucho más necesario, originó un clima de desconfianza de cara a las próximas elecciones presidenciales, dejó en crisis el sistema electoral y amenazas con trasladarse a lo económico.

De hecho los comicios congresionales y municipales de mayo pasado, con la abstención de la mitad de los electores, demostraron que todavía el sistema electoral dominicano no es suficientemente sólido e institucional y que requiere nuevos esfuerzos de concertación y de vigilancia para impedir retrocesos.

La muerte del doctor Joaquín Balaguer concluyó el largo ciclo de los grandes caudillos, suponiendo un gran desafío de adaptación para uno de los partidos más importantes del sistema, y resalta la necesidad de emergencia de nuevos y sólidos liderazgos democráticos y participativos.

La sociedad civil

Aunque se registró un discurso excluyente de la sociedad civil especialmente en ámbitos del partido gobernante, las autoridades dieron pasos positivos para implementar varios de los mecanismos participativos y consultivos creados en el actual período constitucional.

Fue el caso del Consejo de Seguimiento a las Asociaciones sin Fines de Lucro y del Consejo Consultivo del Gabinete Social, mientras se manifestó interés en implementar el decreto que crea los consejos de desarrollo en los diversos niveles territoriales. Resalta también la realización de consultas a nivel municipal en base a un documento que plantea estrategias hasta el año 2015 para la erradicación de la pobreza.

Al interior mismo de la sociedad civil se produjeron esfuerzos de coordinación para reactivar el Foro Ciudadano y la Coalición por una Justicia Independiente. Pero sigue pendiente una mayor compactación de la diversidad de instituciones sociales de todos los niveles y ámbitos para presionar frente al sistema político y gubernamental por la implementación de efectivas políticas de combate a la pobreza y la corrupción, para la participación social y el mejoramiento de las instituciones.

Corrupción, justicia y derechos humanos

Existe la convicción de que la corrupción se ha mantenido como un cáncer en el cuerpo social dominicano y este año tuvo expresión en numerosos casos que involucraron a un cónsul, y a un vicecónsul, así como a numerosos inspectores y ayudantes de la Presidencia de la República y al jefe mismo de la avanzada de seguridad del primer mandatario.

En varios de esos casos la justicia fue apoderada, pero ha sido obvia la falta de voluntad política para afrontar el grave problema. Eso explica que haya quedado engavetado el paquete de anteproyectos encaminados hasta el Congreso Nacional por el Departamento de Prevención de la Corrupción.

Pendientes siguen también en el Congreso proyectos para una nueva ley sobre compras y contrataciones públicas, y para hacer más efectiva la labor de la Cámara de Cuentas, de la Contraloría General de la República y del Ministerio Público.

Frente a un incremento de la delincuencia, con numerosos y preocupantes casos de secuestros, ha contrastado que el año culmine sin que se haya completado el proceso para la reforma de la Policía Nacional, llamada a ser dotada de mejores condiciones de trabajo, con mejores recursos técnicos y humanos que le permitan una mayor eficacia en la prevención y la persecución del crimen.

La justicia misma ha sido lenta y aún casos de corrupción que llevan años en los tribunales siguen pendientes del debido proceso para las penalizaciones que resulten correspondientes.

Han disminuido los empeños de sectores regresionistas por suprimir la inamovilidad de los jueces, mientras sigue pendiente que los titulares de la Suprema Corte de Justicia que han pasado la edad límite de 75 años para el retiro se acojan a la misma para dar ejemplo a la sociedad dominicana.

En el ámbito de los derechos humanos resalta que este año se redujeron considerablemente, aunque no han desaparecido por completo, las ejecuciones extrajudiciales bajo el manto de «intercambios de disparos entre agentes del orden público y delincuentes.

Resalta, sin embargo, el incremento de la violencia, en especial la ejercida contra las mujeres, la cual cobró alrededor de un centenar de vidas a lo largo del año.

Los problemas económicos

En lo económico, probablemente el aspecto más resaltante ha sido la amenaza de inestabilidad que se ha presentado en la parte final del año, traducido en disturbios cambiarios de gran significación. La tasa de cambio ha subido aproximadamente un 23 desde diciembre del 2001, y si bien se mantiene estable al final del año es al costo de una gran contracción monetaria y fiscal.

A pesar de ello, la economía dominicana ha evolucionado mejor de lo que podría haberse esperado dado el entorno en que la ha tocado desenvolverse. El producto bruto interno ha crecido alrededor de un 4%, que sigue siendo el ritmo mas alto de América Latina, región del mundo que experimenta los mayores problemas económicos, con países sumidos en crisis de grandes proporciones, tales como Argentina, Uruguay, Venezuela y otros. Al mismo tiempo, la tasa de inflación sigue siendo moderada, aproximadamente un 10% en el año entero, aunque casi toda concentrada en los últimos cuatro meses, por la elevación de la tarifa de electricidad y el alza del tipo de cambio.

Gran parte del crecimiento registrado tuvo lugar en la primera mitad del ano 2002, cuando el gobierno se vio muy activo con un ambicioso programa de inversiones financiadas con los recursos procedentes de la primera emisión de bonos soberanos. Esto mismo motivó que dicho crecimiento se concentrara en los sectores que satisfacen la demanda interna, como la industria, la construcción, el comercio y el transporte, así como las comunicaciones. Pero no creció el sector agropecuario y, aquellos sectores vinculados al entorno externo, como el Turismo y las Zonas Francas,  sufrieron notables caídas por segundo año consecutivo. Afortunadamente, en la parte final del año se percibe cierta recuperación de ambos.

Pero esa misma dinámica económica, concentrada en la demanda interna, fue provocando una caída abrupta de las reservas monetarias internacionales, lo que obligó al gobierno a frenar el crecimiento de la economía en la parte final del año, con lo cual la inversión pública bajó bastante y las tasas de interés aumentaron mucho, castigando severamente la inversión privada y la capacidad competitiva del aparato productivo.

Si bien la caída experimentada en la generación de divisas por parte del aparato económico fue compensada con las reservas que el Banco Central puso a disposición del mercado, eso no impidió que la tasa de cambio subiera más de lo esperado, lo que hace pensar que en tal comportamiento del mercado han estado influyendo factores extraeconómicos. Los mismos se derivan de una percepción pesimista de muchos agentes económicos sobre el futuro del país, debido a la habitual difusión de noticias adversas, las contradicciones al interior de la propia política económica reflejando un excesivo endeudamiento interno y externo y, particularmente, los conflictos con los partidos de oposición, con el sector empresarial y con la sociedad civil que han sido generados por el Gobierno y el Congreso.

Expectativas para el 2003.

Hemos de trabajar todos los dominicanos y dominicanas para que el próximo año se fortalezcan las instituciones democráticas, desde los partidos políticos, hasta el Congreso Nacional, la justicia y los órganos de control de la gestión pública.

Es generalizada la convicción de que el gobierno tiene que cumplir las metas establecidas en el reciente Pacto por la Estabilidad y el Desarrollo Económico, suscrito con el sector empresarial, donde se recogen las preocupaciones de ajustes del gasto, austeridad y reducción del endeudamiento.

Al ser un año preelectoral tenemos que mantenernos abogando por un ejercicio gubernamental que atienda al interés nacional, por encima del partidario y que de ninguna forma se inviertan los recursos nacionales en función de los comicios presidenciales del 2004.

Por igual, hemos de mantener los esfuerzos para concretar una nueva política social que cubra la enorme deuda contraída con la mayoría de la población dominicana que sigue viviendo bajo niveles de pobreza.-