Urge contener el deterioro nacional

El movimiento Cívico Participación Ciudadana desea expresar su profunda preocupación por el progresivo deterioro económico que degrada el nivel de vida, acentuando el desempleo y multiplicando la pobreza que afecta a la mayoría de la población, en lo que se estima como una de las peores crisis de nuestra historia.

El panorama es más preocupante por los signos de deterioro institucional que se advierten, con aumento de las actitudes autoritarias, militarización e incursión de oficiales de las fuerzas armadas en actividades políticas.

Así mismo, las pugnas que afectan la institucionalidad democrática y la integridad de dos de los partidos mayoritarios, incluyendo al de gobierno, contribuyen a nublar el porvenir inmediato de la nación, sembrando incertidumbres generadoras de desconfianza y desesperanza que a su vez repercuten en mayor degradación económica.

La persistente crisis energética nacional mantiene al borde de la quiebra a una parte considerable de las micros y pequeñas empresas sustento de una proporción importante de las familias dominicanas, encarece y hace ineficiente la producción nacional, afecta las actividades educativas, sociales y familiares y termina generando un clima de depresión y desesperación.

Ese cuadro explica la contundente protesta nacional del martes 11 de noviembre, cuando casi todas las actividades nacionales fueron paralizadas sin que mediara ninguna actitud coercitiva, en lo que la opinión pública ha considerado como un plebiscito de rechazo a la gestión gubernamental.

En contraste con la protesta pacífica de la ciudadanía, con la excepción de dos o tres desalmados que asesinaron un agente policial, resaltó el nivel de represión desatado por las fuerzas policiales y miliares, responsables de por lo menos otras 7 muertes violentas, tan injustificadas como la del policía.

Las posteriores reacciones gubernamentales parecen indicar que no se ha tomado con seriedad todo lo que tuvo de aleccionadora la protesta generalizada, y que los asesinatos quedarán una vez más impunes.

Es evidente que una buena proporción de la responsabilidad corresponde a la actual administración, por comisión y omisión, por despilfarro, alegre endeudamiento, por corrupción y tráfico de influencia, por no haber cumplido su obligación de supervisar las actividades bancarias, y por haber cubierto el fraude bancario con dinero inorgánico y certificados financieros.

Al gobierno del presidente Hipólito Mejía corresponde la responsabilidad de adoptar todas las medidas urgentes para contener el deterioro económico, institucional y democrático.

Es obvio que el restablecimiento del equilibrio macroeconómico, fundamental para retomar el crecimiento, conlleva restricciones que deben pagar los sectores de mayores ingresos, para evitar descargar el peso de la crisis en los grupos populares y las clases medias bajas, gravando hasta los alimentos y las medicinas, como algunos pretenden.

Pero por encima de todo y en primer lugar es imperativo que el presidente Hipólito Mejía concentre su atención en gobernar ahora, subordinando sus actividades partidarias y expectativas continuistas al interés general de la nación. La situación demanda de un conductor nacional que aúne voluntades y concierte con todos, no que divida, impugne y confronte. La consecuencia de no asumir esta tarea será de la exclusiva responsabilidad del presidente de la República.

El momento actual requiere de una actitud mas propositiva de las instituciones de la sociedad civil, por lo cual sugerimos la convocatoria del Foro Ciudadano y todas las instituciones sociales a reflexionar y a pronunciarse demandando acciones urgentes y efectivas para contener el grave deterioro nacional.-